Hace dos meses se desnudó el dolor en plena primavera...
Y es a partir de estos momentos difíciles donde uno vuelve a leer su propia vida y reflexiona sobre la fragilidad del presente que nos ha tocado y se da cuenta que el tiempo con que medimos las cosas no es más que un contador que podría terminar en cualquier momento. Por lo mismo me convenzo cada día, que la vida, por más difícil que sea, debemos celebrarla y agradecerla segundo a segundo.
Su contador se paró y me quedé sin su voz, su conversación, sus risas... es entonces cuando necesité aferrame a lo que tenía de ella, a lo que me ha quedado para siempre, a lo que nadie me va a poder arrebatar y que sé me acompañará y, en tantos sentidos, me ayudará el resto de mi vida (ya lo está haciendo), su recuerdo.
Porque cuando una amistad alcanza esta plenitud, por mucho que exprimamos y exprimamos su recuerdo, siempre llenas el vaso. Seguro.
Susana
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