
Susana,
Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo. Y eso, en verdad, no es nada extraordinario, tú lo sabes tan objetivamente como yo.
Sin embargo hay algo que quisiera aclararte. Cuando digo todas las parcelas no me refiero sólo a esto de ahora, a esto de esperarte y ¡aleluya! encontrarte y ¡carajo! perderte y volver a encontrarte y ojalá nada más...
No me refiero sólo a que de pronto digas voy a llorar y yo, con un discreto nudo en la garganta, bueno llora. Y que un lindo aguacero invisible nos ampare y quizá por eso salga enseguida el sol.
Ni me refiero sólo a que día tras día aumente el stock de nuestras pequeñas y decisivas complicidades o que yo pueda, o creerme que puedo, convertir mis reveses en victorias o me hagas el tierno regalo de tu más reciente desesperación. No. La cosa es muchísimo más grave.
Cuando digo todas la parcelas quiero decir que, además de ese dulce cataclismo, también estas rescribiendo mi infancia, esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes y los solemnes adultos las celebran. Y tú en cambio sabes que eso no sirve.
Quiero decir que estás rearmando mi adolescencia, ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos y tú sabes en cambio extraer de ese páramo mi germen de alegría y regalarlo mirándolo.
Quiero decir que estás sucumbiendo mi juventud, ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos, esa sombra que nadie arrimó a su sombra y tú en cambio sabes estremecerla, hasta que empiecen a caer las hojas secas y quede la armazón de mi verdad sin proezas.
Quiero decir que estás abrazando mi madurez, esta mezcla de estupor y experiencia, este extraño confín de angustia y nieve, esta bujía que ilumina la muerte, este precipicio de la pobre vida.
Como ves es más grave, muchísimo más grave, porque con éstas o con otras palabras quiero decir que no eres tan sólo la querida muchacha que eres. Porque gracias a ti he descubierto (dirás ya era hora y con razón) que el amor es una bahía linda y generosa que se ilumina y se oscurece según venga la vida, una bahía donde los barcos llegan y se van, llegan con pájaros y augurios y se van con sirenas y nubarrones, una bahía linda y generosa donde los barcos llegan y se van...
Pero tú, por favor, no te vayas... [Mario Benedetti]
Fran, 18 de mayo de 2008.
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