20/2/09

ME MORDI LOS LABIOS Y TRAGE SALIVA

Era un sábado mañanero, estaba solo, mi bicicleta y yo decidimos irnos a voltear por el antiguo cauce del río, convertido en una agradable ruta de sensaciones.
Un mar de gente andaba por allí, corren, pasean, juegan y otros muchos como yo, en sus dos ruedas.
Transcurrido un tiempo mínimo, mi cuerpo, cada vez más enmohecido y mi bici hecha un trasto por el desuso, pedían a gritos hacer una pausa. Sin más, la dejé caer en el césped para que se confortara en su descanso. A continuación hice yo lo mismo. Me encendí un cigarrillo, y atontado por el sol que aturdía mi cara empecé sin ser consciente a sacar conclusiones sobre mi vida. No podía quejarme, tengo una hija a la que quiero con toda mi alma y a su madre que como mínimo la quiero igual, es mi mujer, mi compañera, mi complemento, mi amante, mi apoyo, en fin, las dos hacen de mí un hombre feliz.
De mis amigos, qué puedo decir, es un orgullo, los tengo ahí, los quiero, sé que están y ellos saben que me tienen, o eso creo.
Algunos dejaron de serlo, quizá tenía que ser así, pero me quedan casi todos, los mejores, no necesito ni enumerarlos. Yo sé quiénes son y ellos también.
En ese momento, la eché a faltar. No estaba físicamente pero sí en mis recuerdos, en mi corazón, en mi alma. Por lo menos, tuve la suerte de que se cruzara en mi camino, y de que me aceptara como su amigo.
Tiré la colilla, me mordí los labios y tragué saliva. Estaba amarga.
Seguí mi camino.

Juampi

1 comentario:

juanvi-aurora dijo...

Un abrazo, Juampi, me gusto.
Un beso.